Wednesday, 10 December 2008
yopongocondon.com
Yo ni con condón. Después de oírlo rapear yo también la cojo (la puerta), lo toco (el botón del ascensor), lo pongo (el abrigo... ¡con estos días de frío!)... y también yo floto pronto. Y no creo que nos volvamos a ver hasta que aprenda a hablar como una persona normal. Con sus amigos macarrillas —si és que en té, que más bien parece sacado del barrio de Salamanca—, que utilice su jerga agilipollada, pero estropear un momento romántico, en el que debería haberle hablado con ternura, como un baboso enamorado, con un "floto pronto" (con medio acento extranjero —que es como decir "¿Es claro?" tras una explicación de canto), ¡no tiene perdón de dios!, como poco se te quita la calentura, (con voz aguda) "Oh my god, oh my god"—abanicándote con la palma de la mano derecha y apoyando las yemas de los dedos de la izquierda en el pecho —"me he vuelto frígida... así... de repente" (¡¡Nah, estoy delirando, a esta no le va este teatrillo!! Parece más del tipo que coge al toro por los cuernos). Ella lo acepta porque es macarra, como él, a pesar de lo cual resulta hasta gracioso oírla hablar del "bombo" con tanta seriedad. La parte de los pozos y fosos y el "somos dos" me ha dejado momentáneamente empantanado y luego, "escocido" por la duda, imaginándome parte de la escena, me han entrado ganas de ir corriendo a buscar el diccionario: "Anda, espérate un momento ahí, que ahora vuelvo", y de camino pienso, "¿Esta frase es de relleno o me he perdido algo?"
No comparto su decisión de liarse al final con él. Pero a quién le importa mi opinión. Ahora mejor le pongo stop a esto, apago el ordenador y noapte buna (guiño a Chris ;).
Saturday, 25 October 2008
Retrete de embajadores
Me despedí de Pablo y Natalia, que tomaron el sentido contrario. Caminé de vuelta a casa con Marie, Nina y Javier hasta la plaza de Santo Domingo y con las dos primeras hasta La Latina. Después seguí solo hasta la glorieta de Embajadores y entré en el metro. Era la una y treinta y pico y esperaba que no hubiese pasado el último tren. En un banco del andén que daba la espalda a las escaleras mecánicas había dos chicos sentados. No me di cuenta de su presencia mientras subía, me llamó más la atención el cartel rasgado de Memorias de una ninfómana y me acerqué a echarle un vistazo antes de colocarme en la parte delantera del andén. Absorto en mis pensamientos, miraba alternativamente el andén de enfrente y los minutos que faltaban para que llegase el tren. Y fue en una de esas idas y venidas de mi cabeza que me percaté de los dos chicos sentados en el banco, y en una posterior que vi que uno de ellos se dirigía a su compañero, que seguía sentado, con la mano en la bragueta desde la esquina más próxima al banco. Se sentó y un minuto después ambos se levantaron, tomaron las escaleras mecánicas descendentes y desaparecieron.
Yo aproveché para husmear. El charco que esperaba encontrar fue la prueba.
Yo aproveché para husmear. El charco que esperaba encontrar fue la prueba.
Tuesday, 21 October 2008
Wednesday, 15 October 2008
Bicharraco inmundo
Después de los voladores, los bichos que más miedo me dan son los saltadores, seguidos de los que caminan rápidamente, los que lo hacen más lentamente y los que se arrastran. Aquí no considero a las serpientes. Estas me dan más miedo que ningún otro, pero a estas no las llamaría bichos. Nunca bajaría corriendo de mi habitación después de ver una serpiente en mi cama y le diría a mi madre, "Hay un bicho en mi cuarto". No hay un bicho, HAY UNA SERPIENTE. Son palabras mayores.
Así que imaginaos la escena. Estáis en la sala sentados en la silla del escritorio dividiendo vuestra atención entre vuestra madre, que está al teléfono, y un episodio de Dirty Sexy Money, y, sin avisar, os llega un sonido como de matraca de debajo de la silla. Naturalmente os levantáis, giráis un par de veces la silla y la hacéis rodar un rato por el suelo de parqué con el oído atento en busca del problema. No oís nada extraño, así que os sentáis de nuevo.
Al cabo de media hora, esta vez hablando con vuestra hermana, vuelve a sonar la matraca debajo de la silla, y esta vez lo hace de tal forma que os levantáis de un salto pensando, con fundamento o sin él, tampoco tenéis mucha experiencia selvática, que hay una serpiente en la sala, por muy imposible que parezca que una serpiente haya podido colarse en un quinto piso del centro de Madrid. A serpiente os ha sonado, y habiendo quedado claro esta vez que no ha sido la silla porque el sonido se repitió unos segundos después de haberos erguido, en vuestro cerebro seguís visualizando la fuente del ruido como una serpiente y oteáis alrededor en busca de algún indicio de su presencia. Con una pequeña linterna, envalentonados por el apoyo sonoro a través del auricular, examináis los bajos del sofá, y constatáis que es de urgencia moverlo para limpiar debajo, y tomáis nota mental de ello para la limpieza general del domingo siguiente. No hay rastro del animal. Vuestra hermana os confirma que oyó el ruido y que cree que es del móvil, peores ruidos ha hecho otras veces, dice. Pero a vosotros no os conforta, solo os sirve para confirmar que el ruido provino de vuestra sala, y no podéis dejar de pensar que no sonó en mono, sino en Dolby Surround 5.1 por lo menos, y entonces recordáis las palabras de Tania: "¿Tu tele tiene sonido envolvente, no?" "Eh, nunca me había fijado, la verdad, pero ahora que lo dices", y apretáis al botón del mute en el mando. Escucháis. Nada. Silencio.
Colgáis y os vais a prepararos unas uvas a la cocina. Ponen Buenafuente en la tele ahora. A punto de meter una uva en la boca, esta vez sentados en una de las sillas de la mesa de comedor debido a que la del escritorio no os genera confianza, con la sonrisa empezando a desvanecerse para separar los labios y hacerle hueco, giráis medio cuerpo porque sois de naturaleza nerviosa y no os podéis quedar un segundo quietos, y veis un insecto enorme en la pared, unos cuarenta centímetros por encima del monitor. Si la sonrisa no se os había acabado de borrar mientras abríais la boca para introducir la uva, ahora seguro se ha desvanecido del todo. Dejáis la uva en el plato, os ponéis a la pata coja y os sacáis la sandalia del pie derecho. Y os acercáis. Un cuarto de paso. Chuuus. Otro cuarto de paso. Y salta. Tragáis saliva. Al sofá, os ha parecido que ha ido. Os quedáis de piedra con la sandalia en la mano y movéis los ojos lentamente a la izquierda. Cuando comprobais la inexistencia de peligro inminente os ponéis la sandalia en el pie derecho sin movimientos bruscos y, como si la cosa no fuera con vosotros, hacéis mutis por el foro.

Después de este ejercicio de imaginación, estáis en condiciones de entender que me metiera en mi habitación y cerrase la puerta detrás de mí. También que mirase, dentro, a mi alrededor con suspicacia, me inspeccionase a mí mismo en los espejos de las puertas correderas del armario, asegurándome de que no llevaba la bestia parásita sobre mí, y procediese inmediatamente a desvestirme para ponerme a continuación ropa de calle por si tenía que salir huyendo de la casa y llamar a los bomberos.
Con gran sigilo abrí la puerta. Comprobé que no había moros en la costa, salí y empecé a caminar. Miraba de derecha a izquierda con pasadas rápidas. Y allí lo vi, encima de la mesa, inmóvil. Levanté la pierna derecha otra vez, me saqué la sandalia, aproximé la mano lentamente y ¡ZAS! Todavía se movía. ¡Zas! otra vez. Era la una menos cuarto, demasiado tarde para llamar a alguien y decirle que tenía un bicho muerto encima de la mesa. Le mandé un mensaje a mi hermana: "Mari, era un saltamontes o algo así. Qué susto me ha dado cuando lo vi en la pared encima del monitor! Ahora está muerto en la mesa. Espero q no haya más. Jose"
Estoy paranoico ahora.


(Fotos tomadas a la mañana siguiente)
Así que imaginaos la escena. Estáis en la sala sentados en la silla del escritorio dividiendo vuestra atención entre vuestra madre, que está al teléfono, y un episodio de Dirty Sexy Money, y, sin avisar, os llega un sonido como de matraca de debajo de la silla. Naturalmente os levantáis, giráis un par de veces la silla y la hacéis rodar un rato por el suelo de parqué con el oído atento en busca del problema. No oís nada extraño, así que os sentáis de nuevo.
Al cabo de media hora, esta vez hablando con vuestra hermana, vuelve a sonar la matraca debajo de la silla, y esta vez lo hace de tal forma que os levantáis de un salto pensando, con fundamento o sin él, tampoco tenéis mucha experiencia selvática, que hay una serpiente en la sala, por muy imposible que parezca que una serpiente haya podido colarse en un quinto piso del centro de Madrid. A serpiente os ha sonado, y habiendo quedado claro esta vez que no ha sido la silla porque el sonido se repitió unos segundos después de haberos erguido, en vuestro cerebro seguís visualizando la fuente del ruido como una serpiente y oteáis alrededor en busca de algún indicio de su presencia. Con una pequeña linterna, envalentonados por el apoyo sonoro a través del auricular, examináis los bajos del sofá, y constatáis que es de urgencia moverlo para limpiar debajo, y tomáis nota mental de ello para la limpieza general del domingo siguiente. No hay rastro del animal. Vuestra hermana os confirma que oyó el ruido y que cree que es del móvil, peores ruidos ha hecho otras veces, dice. Pero a vosotros no os conforta, solo os sirve para confirmar que el ruido provino de vuestra sala, y no podéis dejar de pensar que no sonó en mono, sino en Dolby Surround 5.1 por lo menos, y entonces recordáis las palabras de Tania: "¿Tu tele tiene sonido envolvente, no?" "Eh, nunca me había fijado, la verdad, pero ahora que lo dices", y apretáis al botón del mute en el mando. Escucháis. Nada. Silencio.
Colgáis y os vais a prepararos unas uvas a la cocina. Ponen Buenafuente en la tele ahora. A punto de meter una uva en la boca, esta vez sentados en una de las sillas de la mesa de comedor debido a que la del escritorio no os genera confianza, con la sonrisa empezando a desvanecerse para separar los labios y hacerle hueco, giráis medio cuerpo porque sois de naturaleza nerviosa y no os podéis quedar un segundo quietos, y veis un insecto enorme en la pared, unos cuarenta centímetros por encima del monitor. Si la sonrisa no se os había acabado de borrar mientras abríais la boca para introducir la uva, ahora seguro se ha desvanecido del todo. Dejáis la uva en el plato, os ponéis a la pata coja y os sacáis la sandalia del pie derecho. Y os acercáis. Un cuarto de paso. Chuuus. Otro cuarto de paso. Y salta. Tragáis saliva. Al sofá, os ha parecido que ha ido. Os quedáis de piedra con la sandalia en la mano y movéis los ojos lentamente a la izquierda. Cuando comprobais la inexistencia de peligro inminente os ponéis la sandalia en el pie derecho sin movimientos bruscos y, como si la cosa no fuera con vosotros, hacéis mutis por el foro.

Después de este ejercicio de imaginación, estáis en condiciones de entender que me metiera en mi habitación y cerrase la puerta detrás de mí. También que mirase, dentro, a mi alrededor con suspicacia, me inspeccionase a mí mismo en los espejos de las puertas correderas del armario, asegurándome de que no llevaba la bestia parásita sobre mí, y procediese inmediatamente a desvestirme para ponerme a continuación ropa de calle por si tenía que salir huyendo de la casa y llamar a los bomberos.
Con gran sigilo abrí la puerta. Comprobé que no había moros en la costa, salí y empecé a caminar. Miraba de derecha a izquierda con pasadas rápidas. Y allí lo vi, encima de la mesa, inmóvil. Levanté la pierna derecha otra vez, me saqué la sandalia, aproximé la mano lentamente y ¡ZAS! Todavía se movía. ¡Zas! otra vez. Era la una menos cuarto, demasiado tarde para llamar a alguien y decirle que tenía un bicho muerto encima de la mesa. Le mandé un mensaje a mi hermana: "Mari, era un saltamontes o algo así. Qué susto me ha dado cuando lo vi en la pared encima del monitor! Ahora está muerto en la mesa. Espero q no haya más. Jose"
Estoy paranoico ahora.


(Fotos tomadas a la mañana siguiente)
Tuesday, 14 October 2008
Acto sexual que se utiliza con el ano
Estoy viendo, bueno, acaba de terminar, el programa GPS Testigo directo en .nova, que esta semana trata de los tópicos nacionales: que si interesa más el deporte que la política, que si los catalanes son tacaños, que si existe la rivalidad entre ciudades vecinas, que si mueven más dos tetas que dos carretas. Nada de lo que he visto me ha parecido objetable ni destacable, nada salvo una cosa. Tratando de descubrir si el tópico de que las rubias son tontas es cierto, seleccionaron a tres chicas rubias y tres morenas de las que pasaban en ese momento por la calle Preciados, creo recordar, y les hicieron unas preguntas de cultura general, dijeron. Al llegar al último bloque de preguntas —Sexo—, las morenas iban uno o dos puntos por encima de las rubias, pero estas demostraron ser un poco más sabidas en este bloque y consiguieron al final empatar el marcador general.
Primera pregunta: definición de cunnilingus. Todas estaban bastante puestas y no recuerdo que ninguna fallase. Me extrañó, sin embargo, la forma en que una de las rubias formuló su respuesta. Creo que dijo que era un acto sexual que se utilizaba con la lengua. Algo así. No recuerdo sus palabras con exactitud porque no fue hasta que contestó a la siguiente pregunta que pensé que lo suyo no podía ser normal, ¿cómo era posible que utilizara dos veces seguidas la misma estructura errónea? Preguntaron qué era un "griego". Las morenas contestaron, con cachondeo, "natural de Grecia", "¿un yogur?", y sincera y poco ocurrente, la última, "no sé". Las rubias estuvieron más acertadas, pero la que definió cunnilingus de aquella forma extraña respondió, palabras textuales: "es un acto sexual que se utiliza con el ano". Entonces cogí un boli y anoté la frase. Esto tenía que ponerlo en el blog independientemente de que las dos últimas entradas ya hubiesen sido inspiradas por un programa de televisión. Con un poco de suerte no habrá una cuarta.
Primera pregunta: definición de cunnilingus. Todas estaban bastante puestas y no recuerdo que ninguna fallase. Me extrañó, sin embargo, la forma en que una de las rubias formuló su respuesta. Creo que dijo que era un acto sexual que se utilizaba con la lengua. Algo así. No recuerdo sus palabras con exactitud porque no fue hasta que contestó a la siguiente pregunta que pensé que lo suyo no podía ser normal, ¿cómo era posible que utilizara dos veces seguidas la misma estructura errónea? Preguntaron qué era un "griego". Las morenas contestaron, con cachondeo, "natural de Grecia", "¿un yogur?", y sincera y poco ocurrente, la última, "no sé". Las rubias estuvieron más acertadas, pero la que definió cunnilingus de aquella forma extraña respondió, palabras textuales: "es un acto sexual que se utiliza con el ano". Entonces cogí un boli y anoté la frase. Esto tenía que ponerlo en el blog independientemente de que las dos últimas entradas ya hubiesen sido inspiradas por un programa de televisión. Con un poco de suerte no habrá una cuarta.
Sunday, 12 October 2008
ncuatroº
Aunque no soporto las noticias deportivas, esta tarde me quedé viendo las de Cuatro. Nunca antes había visto el informativo de esta cadena, nunca me coincidió a esas horas estar haciendo zapping y haber llegado hasta el canal diez, que es donde la tengo sintonizada. Me llevé los Cheerios, la napolitana y el capuchino al sofá; me senté enfrente de la tele y me entretuve viendo las noticias económicas, las inundaciones de Coslada y la Cañada Real y los dos buques varados en el estrecho. Sonó entonces la sintonía de los deportes (que sabía que venían cargaditos de las hazañas del "hombre anuncio" Fernando Alonso... y de fútbol, que no falte) y cogí el mando para cambiar como de costumbre. Pero en vez de continuar con mi barrido ascendente, me quedé con el mando en la mano sin hacer nada y finalmente lo volví a dejar sobre la mesa. Quizá fue la complicidad entre los presentadores o el enfoque informal que le dan a la información o la promesa de un reportaje sobre la crisis del sumo. No sé. Fuera por la razón que fuera, me quedé viéndolo. Y no estuvo mal. La falta de seriedad —debo reconocer— me descolocó, sobre todo en el reportaje sobre el perjuicio que las drogas están causando al deporte del sumo, que habría sido más adecuado para un programa como el desaparecido Noche Hache que para un informativo serio. Juro que busqué la mosca de la tele para asegurarme de que todavía estaba viendo las noticias: ¡y allí estaba el ncuatroº! Noticias de coña de temática deportiva para tiempos de crisis. Al fin y al cabo, aparte de dar los resultados y las clasificaciones, o contar ('explicar' para los catalanes) las incidencias del encuentro, la etapa o lo que sea, ¿qué más se puede decir?
Y así transcurrió el día. Con un coñazo de desfile que me pasé durmiendo todo el tiempo que duró (no oí los abucheos a Zapatero de este año ni vi tanques por las calles de Madrid). Con unas noticias de coña acompañadas por un suculento desayuno a la hora de comer. Limpieza general. La subida de las temperaturas. La peli del United 93 que me hizo temblar de rabia.
Y así transcurrió el día. Con un coñazo de desfile que me pasé durmiendo todo el tiempo que duró (no oí los abucheos a Zapatero de este año ni vi tanques por las calles de Madrid). Con unas noticias de coña acompañadas por un suculento desayuno a la hora de comer. Limpieza general. La subida de las temperaturas. La peli del United 93 que me hizo temblar de rabia.
Saturday, 11 October 2008
Honestly
Ayer vi a Jaime Bayly en las Noches blancas de Sánchez Dragó en La Otra. El escritor iba disfrazado. No me acuerdo muy bien de su atuendo porque no me fijo en esas cosas, pero recuerdo que iba demasiado abrigado y bien embutido en un gorro, un gorro de los que me gustan a mí, pero que yo preferiría blanco. De haber llevado una pipa, lo habría confundido con Sherlock Holmes; pensé en ello: este tío excéntrico me recuerda a alguien. Exhibía una pose inusualmente suelta, con una pierna apoyada con ostentación sobre la otra, sobresaliendo su rodilla por encima de la mesa, una pose de "soy la leche, mírame y ríndete ante mí". Quería hacerse pasar por un intelectual, aunque quedaba bastante claro que no lo era. Como comunicador me pareció horrible, no tenía la más mínima gracia y no daba gusto oírlo; sí lo daba oír a Sánchez Dragó, que contaba las historias de la novela mucho mejor que su propio autor, a pesar de que este era el protagonista de esas vivencias. Me pareció superfluo y muy creído: casi al final de la entrevista le dijo a Sánchez Dragó: nos quedaríamos aquí dos horas más por lo que nos gusta hablarnos... u oírnos. ¡¡Por favor!! No escribe mal (o no escribía mal cuando lo leía), y Sánchez Dragó alabó vehementemente El canalla sentimental, su última novela; pero como contador de historias es un negado, no tiene la gracia natural de Miguel P. ni de lejos, ya le gustaría a él. Además, me pareció muy sospechoso que se contradijese algunas veces o se olvidase de supuestos detalles de su vida que contaba en la novela. Si realmente ha vivido todas esas anécdotas, ¿cómo puede olvidarse de que en una determinada historia aparecían dos mujeres y no tres?, ¿o por qué habla de su novio y dice que prefiere verlo como amigo íntimo, que el sexo ya no le interesa, si más adelante en la charla, cuando Sánchez Dragó le pregunta si la ruptura final de la novela es cierta, él dice que sí, de manera que su novio ya no es su novio sino su ex novio?, ¿o cómo es que deja de llamar Blanca a una mujer a la que se ha referido todo el tiempo como Blanca, una argentina de la que está colado y con la que montó en bicicleta por el Retiro esa misma tarde, y la llama María de repente? Después viene con la historia absurda de que se llama Blanca María, ¿no es maravilloso? Honestly!! Si yo me dedicase a caricaturizar a todas las personas que conozco, a utilizar la hipérbole para contar todas las insulsas historietas de mi vida, también esta sería interesante; lo sería la de todo el mundo. Y probablemente todos nos olvidaríamos de si aparecían dos o tres personas, o de si Blanca se llamaba Blanca o María. Vamos, que no me creo una sola palabra.
Subscribe to:
Posts (Atom)
